Festival Punto Aparte 2005
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RIZOMA TEATRO:
PRODUCTO INTERIOR BRUTO
Teatro

LUNES 06 JUN
21:00 H.
SALA PUERTAS DE CASTILLA
MURCIA
ESTRENO ABSOLUTO

“Cuando nací nadie guardó silencio. Ni un gesto de respeto a mi vida anterior. Me la hicisteis olvidar a gritos. Borrasteis el camino de vuelta. No hay donde regresar. Ni hogar. No origen. Ni causa. Desde entonces el mundo no ha parado de hablar. Callaos de una vez, no pido tanto. Callaos de una puta vez y dejadme volver a casa.”
  John Cage dijo que el silencio no existe. Mientras estamos vivos el corazón sigue latiendo y la cabeza pensando, hay ruido. Abandonamos el útero materno y aparecemos en un mundo frío lleno de sonidos extraños y vamos creciendo en él. El mundo sube cada vez más el volumen y la cabeza se llena de ruido, un ruido que se queda dentro aunque nos tapemos los oídos. Es entonces cuando surge la necesidad de ese silencio olvidado, del refugio donde aislarse de todo lo que no tiene sentido. Ya no hay madre a la que volver ni manera de dejar la mente en blanco.

Rizoma Teatro propone cerrar los ojos, taparse los oídos, dejar de respirar unos segundos y zambullirse dentro de uno mismo para encontrar otro mundo, tu propio mundo, donde se halla todo lo mejor y lo peor de uno mismo. Es ese “Producto Interior Bruto” que habita en el fondo, una mezcla de restos de recuerdos y monstruos propios que, juntos, explican lo que somos y dan sentido a la existencia.

La compañía murciana propone echar un vistazo al mundo interior de cada uno como una manera de recuperar ese silencio del que venimos para ser conscientes del mal uso que hacemos a veces de la voz y del lenguaje. Sin prescindir de sonidos y músicas sugerentes, nos acercamos al lenguaje de los sordos, intentando encontrar en su forma de percibir la realidad una respuesta al conflicto entre el ser y todo lo que le rodea. Vivimos rodeados de estímulos visuales y acústicos, en muchos casos en exceso, que nos alteran y crean trastornos de personalidad. Prescindir de uno de nuestros sentidos hace que el resto se desarrolle y que el mundo se perciba de otra manera. Vivir esta experiencia y reflexionar sobre ella puede ser una forma de comenzar a cambiar las cosas. Por ello, Rizoma Teatro reivindica el uso de las manos como herramienta principal de comunicación, en lugar de servir de mero apoyo gestual a la voz.

Para transmitir esta idea, y además del trabajo con las manos, la compañía se inspira en el Mar Negro, muerto a partir de los 200 metros de profundidad debido al exceso de vida que hay en los ríos que desembocan en él y que, en contacto con las bacterias del Mar Negro, crean ácido sulfhídrico, gas mortal. La ausencia de oxígeno hace que no exista vida orgánica y, sin embargo, este mar es capaz de conservar casi intactos restos de navíos que naufragaron hace miles de años. A los componentes de Rizoma les atrae la idea de que el exceso de vida genere muerte, y de que la muerte –o la falta de oxígeno– conserve la vida. El Mar Negro se acerca bastante a la idea de mar interior, y ese misterio sobre lo que habita en él da pie para hablar de personajes como Tom.

No existen personajes estereotipados; un actor y una actriz sobre el escenario van desarrollando acciones, y el actor es la voz y la actriz el movimiento. Podríamos decir que él es el oyente que busca el silencio y ella la sorda que se expresa a través de sus manos, sus gestos, su cuerpo y también su voz. Entre ambos surge una incomunicación que acabará siendo una puesta en común de los deseos, los miedos, los sueños y los recuerdos de dos personas cualesquiera. Otro personaje es Tom, quien simboliza el lado oscuro que encontramos en el viaje hacia el interior de uno mismo. Es un ser amorfo representado por manos, que habita en las profundidades de nuestro mar negro personal, que recuerda lo peor de cada uno de nosotros: un monstruo de cloaca que tiene una voz ronca y canta a Tom Waits.

Los oyentes tenemos mucho que aprender de los sordos. Hay que volver a aprender a hablar para saber escuchar y, sobre todo, para aprender a mirar. De lo contrario, el mundo no tiene sentido.

Por ello la puesta en escena es esencialmente visual, y la ausencia de escenografía es sustituida por el uso de objetos, proyecciones y retroproyecciones en las que las manos tienen un importante papel. Se recrean mundos interiores parecidos a paisajes acuáticos donde viven los recuerdos de cualquier persona: infancia, relaciones amorosas, traumas o complejos, con un aire de irrealidad que crea una atmósfera onírica y a veces inquietante.

Al tratarse de un espectáculo concebido tanto para espectadores sordos como para oyentes, la música que estos últimos escuchan será representada por colores y texturas para aquéllos, para que reciban estímulos que provoquen una sensación lo más parecida posible a la que se quiere transmitir. También se utilizan vibraciones y olores que complementan la percepción del espectáculo. Se puede contar con la presencia de un intérprete de signos, pero la intención es crear un lenguaje comprensible para oyentes y sordos en el que las manos son un recurso expresivo y no sólo el soporte de una lengua codificada.

 
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