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RODRIGO
GARCÍA:
PREFIERO QUE ME QUITE EL SUEÑO GOYA A QUE LO HAGA CUALQUIER
HIJO DE PUTA
Teatro
JUEVES 02 JUN
21:00 H.
SALA PUERTAS DE CASTILLA
MURCIA
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Creció entre filetes y chuletas, e
incluso aprendió a darle buenos cortes a la ternera. Al fin y
al cabo, ése era el negocio familiar. Por si fuera poco, Rodrigo
García ha nacido en Buenos Aires, el paraíso de los asados. Así,
cuando le tocó poner nombre a su propia compañía teatral, no se
lo pensó dos veces: La Carnicería.
Sin embargo, en tal denominación hay algo más que recuerdos infantiles. Existe
también una clara referencia a la física transgresora que ha
sido siempre la marca de fábrica de su estilo, y a esos cuerpos
que el propio creador considera tema central de todos los espectáculos.
Autor y director, con 20 montajes a sus espaldas y la deserción de la
publicidad, medio en el que empezó a ganarse la vida –“la creatividad
aplicada a vender una mierda de producto no tiene nada que ver con
la creación artística”, dice–, a sus 39 años García ha oxigenado la
escena española, rompiendo convenciones y hermanando disciplinas.
Su teatro huye de las representaciones y retrata la vida con mostaza,
pollos reventados, palabras afiladas y cuerpos espasmódicos.
Queda claro que combatir lo establecido se debe hacer con un lenguaje
rompedor. Un lenguaje en el que los cuerpos de los actores no son un
simple contenedor de palabras, sino una implicación total en todos
su desarrollos dramáticos. Son hombres los que claman contra lo que
hacen los hombres, y lo deben experimentar entregándose a una
relativa violencia física escénica, a un baño constante de bebidas y
comidas hasta que logran crear en la sala un ambiente repugnante
fruto de la mezcla del vino con la leche y el detergente; de una
explosión de productos de consumo que llueven del cielo. Hay denuncia
y llamada a la acción, solidaria pero activa, de todas las partes
aludidas.
El primer monólogo de “De Goya a Borges”, el que lleva el título de
“Prefiero que me quite el sueño Goya a que me lo quite cualquier
hijo de puta”, también es el nombre de una vídeo-instalación que
alude al cuadro “Duelo a garrotazos”, de Goya, y nos aproxima a los
opuestos, aparentemente irreconciliables. El monólogo parte de una
situación aparentemente cotidiana: un hombre de unos 40 años decide
que ha llegado el momento de hacer algo importante y, con los ahorros
de toda su vida –unos 6.000 euros– quiere llevar a sus hijos a pasar
una noche en el Museo del Prado. Sin embargo, los hijos prefieren
ir a Disneylandia. Este es el punto de partida de un delirante viaje
por una vida de perdedores, que entremezclan sin aparente criterio
los deseos más primitivos, los más comerciales y los más estrambóticos.
Esta falta de criterio definido hace posible la basculación entre
situaciones realmente cómicas, absurdas o chabacanas, y todo ello
alrededor del más puro anhelo por vivir, vivir con mayúsculas. El
personaje quiere dejar de sobrevivir para poder vivir, aunque sea una
noche, en el Museo del Prado con sus hijos, las musas, unos bocatas
de chorizo y unos gramos de ‘farlopa’.
“Borges” es una visión implacable del celebérrimo autor argentino
del que toma el apellido. Todas las miserias también son propias del
mito: la ceguera, fisiológica y frente a la dictadura, y la falta de
compromiso, entre otras. Un hombre azul, cuasi gnomo, encarna la
fantasía borgiana y actúa de bufón que nos escupe a la cara todo
aquello que nunca nos atrevimos a pensar, o tal vez aquello que
pensamos y nunca nos atrevimos a decir. La literatura es una gran
mentira, y las mentiras mentiras son.
“De Goya a Borges” son dos monólogos de una factura impecable,
donde el trabajo actoral requiere de una importante dosis de
compromiso con el personaje. Algunas interpelaciones al público no
rompen el esquema de monólogo interior, y la parte narrativa también
sirve para definir al actor y caracterizarle. Sobriedad y exceso, altura
y bajura, aquí y allí, compromiso lúdico y acción reflexiva. Una lástima
que los pocos creadores, con mayúsculas, que triunfan fuera de
nuestras fronteras encuentren un panorama tan desolador a la hora
de concretar sus proyectos, llegar a un público mayor y estrenar más
asidua y dignamente en este país/Estado. Fernando Olaya
“Prefiero que me quite el sueño Goya a que me lo quite cualquier
hijo de puta”
Monólogo. Actor: Gonzalo Cunill / Iluminación: Carlos Marquerie /
Texto, espacio y dirección: Rodrigo García / Producción: La Carnicería
teatro, Casa de América
“Prefiero que me quite el sueño Goya a que me lo quite cualquier
hijo de puta”
Vídeo-instalación. DVD 2004
Realización: Rodrigo García / Director de fotografía: Carlos Marquerie
/ Cámara: Rodrigo García / Daniel Iturbe / Sonido: Nilo Gallego /
Edición: Daniel Iturbe / Producción: Mónica Giráldez / Intervienen:
Elena Alonso, Miguel Ángel Altet, Rubén Escamilla, Jorge Horno,
Lola Jiménez, Patricia Lamas, Juan Loriente, Quique Castro
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